domingo 21 de junio de 2009

Goyathlay

La vida descubre curiosos meandros por donde discurrir. Cuando, a finales de 1975 (creo), se produjo la mística ceremonia de mi ingreso formal en el PSUC (vulgo Partido Comunista), hubo que pasar por un trámite menor pero no por ello menos relevante: la adopción de un nombre de guerra. Este nombre tenía como función básica el blindaje de nuestra identidad ante las fuerzas policiales de la dictadura franquista, ante los agentes del imperialismo y, no hay que descartarlo, ante los insidiosos agentes de las multinacionales y del Macdonalts.

Podría explicar que elegí mi nombre mientras una luz (roja, claro) atravesaba el ventanal... pero no sería muy fidedigno; de hecho no lo elegí yo. Como suele suceder, un elemento externo dio en dar. El tal elemento era un camarada del que siempre se me dijo que "ojo" porque era presumiblemente de la social (vulgo policía política del franquismo). Me dirá el amable lector "menuda gilipollez". Ciertamente, responderé yo, certaje total. Pero en aquellos momentos era normal ser absolutamente clandestinos mientras nos reuníamos con un reconocido agente franquista. Es lo que tiene la mística de la clandestinidad.

Este hecho, por si sólo, merecería un blog entero. Una vida de análisis. Pero no será la mía.

El tal individuo, ante mi pasmo al verme enfrentado a la elección de un nombre (circunstancia para la que no había sido preparado ni por Martha Harnecker ni por ningún otro de los divulgadores de la verdad científica), dio en fijarse en mi cabello (abundante en longitud también entonces, aunque mas denso y asentado en una zona mas cercana a mis ojos), en lo que llamó "mis ojos achinados" y propuso Gerónimo en homenaje al peludo aquel de los apaches de apachilandia. Fue así.

Me gustó. La querencia por los indios es algo que o tenías o no tenías. Otra cosa es tener puta idea. Y yo no tenía la mas puta idea. Luego leí, me informé y me asqueé. Estuve visitando bibliotecas buscando material sobre canciones indias. Conseguí discos y descubrí que el rock no nació el 57 sino que ya se conocía en las praderas.

Un amigo me habló de "adoptar una tribu". ¿Qué clase de depravado ecolomierda puede autonombrarse el Lord Protector de la Memoria de los xx? Es la clase de basura que mira con complacencia la violación de su hija mientras su mente vuela a fines más altos. Lo que se llama un hijo de perra.

Pero volvamos a Goyathlay, conocido como Gerónimo. Pese a lo que se dice (los indios son como los negros: iguales; todos jefes) Goyathlay no fue un jefe chiricahua. No en el sentido en que entendemos ser un borbón, un político o un señor feudal.

Fue un jefe guerrero. Cuentan las crónicas que un ataque de los mejicanos acabó con la vida de toda su familia. Esposa e hijos. Eso le incomodó al punto de que, cada primavera, anunciaba que íse iba a "matar españoles" (se ve que lo de la independencia no lo tenía muy asumido) y se iba, efectivamente, con los guerreros que decidían seguirle.

De esos primavereos (que no veraneos) solía volver con botín para su tribu. Lógico.

Pero a mí siempre me ha emocionado esa voluntad férrea de vengar a los suyos. Y su capacidad de arrastrar a otros en esa misión.

El 17 de febrero de 1909, Gerónimo murió en Fort Sill en calidad todavía de prisionero de guerra. Había sido el último gran caudillo novocentista de la resistencia indígena contra Estados Unidos.

En memoria de Mari Luz, de Sandra Palo, de marta del Castillo y de tantas otras criaturas inocentes que esperan, sin esperanza, justicia.


2 comentarios:

Butzer dijo...

Al final todos tenemos un pasado... Curioso de lo de Gerónimo, veo que la elección del nombre le ha marcado.

Minneconjou dijo...

Si... todo el pasado nos marca.
Y mil perdones por mi silencio.

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