miércoles 7 de mayo de 2008

Unas reflexiones adicionales sobre la cadena perpetua

La inhumanidad o, si se prefiere, el salvajismo se presenta de formas curiosas y, en ocasiones, bajo ropajes que pretender aportar una imagen que distorsione la realidad de lo que es. Eso es así cuando se olvida el carácter poliédrico de la realidad para concentrar la mirada en un solo punto. Es el viejo truco: "Mira, mira, un burro volando!". Lo gracioso del chiste es que seguimos mirando.

Confieso que, en más de una ocasión, he caído en la trampa. Como cuando me hacen ver el abismo que supone una condena de por vida. Uno lo mira y le entra vértigo, como no puede ser de otro modo. Con el tiempo, te vas acostumbrando a esas trampas y dices, si, vale, pero veamos el bosque en su conjunto.


Es tremendo que alguien pueda perder su libertad de movimientos de por vida, cierto; pero no lo es menos que el precio de esa libertad de movimientos sea la muerte, atroz en tantas ocasiones, de inocentes que, éstos si, tienen sus derechos intactos al no haber sido criminales y no hacerse acreedores a ningún recorte de esos derechos.Decimos muerte por llevar las cosas a un cierto extremo de no retorno; pero deberíamos de pensar en quienes han sobrevivido a la pesadilla de un psicópata y deben de convivir con esos recuerdos toda su vida, o en quienes han sobrevivido al mal para pasar el resto de sus vidas sin el derecho a andar por su propio pié.

Lo antedicho sólo tiene valor en un estado de derecho. Es evidente. En ausencia de un estado de derecho no existe la presunción de inocencia ni el derecho efectivo a un juicio justo y con garantías. De eso saben los que han tenido la oportunidad de gozar de los múltiples paraísos que la in-humanidad ha creado en el pasado y en el presente.

En la propuesta de reforma constitucional que presentaron Abascal, Aguirre, Caja y Vidal-Quadras se menciona explícitamente que el objetivo del sistema penal no debe de ser la reinserción del delincuente sino, en primer lugar, la protección de la libertad y derechos de los ciudadanos honrados; luego, ya hablaremos de reinsertar.

Esa es la primera conclusión a la que llego al mirar el bosque.